EL MONTANISMO
Las manifestaciones carismáticas y sus desvíos y la permanencia de los Dones del Espíritu Santo en la Iglesia Primitiva.

Que la iglesia primitiva fue una iglesia donde los llamados "Dones del Espíritu Santo" se manifestaron, no se puede poner hoy en duda, ni desde el punto de vista Neotestamentario, ni desde el de la historia.

Mucho se discute actualmente sobre la permanencia de los dones espirituales tras la era apostólica, en gran parte debido a la moderna teología dispensacionalista y a la polémica suscitada en el pasado siglo XX -que perdura en el XXI- con el llamado "Movimiento carismático" o "Movimiento Pentecostal".

1. LOS DONES DEL ESPÍRITU SANTO EN LA IGLESIA PRIMITIVA Y SU PERMANENCIA EN EL TIEMPO.

Grandes figuras de la época paleocristiana (Anterior al Concilio de Nicea), como Ireneo de Lyon, discípulo de Policarpo, que a su vez fue discípulo directo del apóstol Juan, y que vivió entre el 130-195 d.c. ejerciendo de obispo en las Galias, más en concreto en la ciudad de Lyon, mencionan la permanencia de los Dones o Carismas hasta bien entrado el siglo II, tras la era apostólica.

Si bien encontramos estos textos de Ireneo en su conocido "Contra las Herejías", él mismo es citado por Eusebio en los albores del siglo IV en su "Historia Eclesiástica" en los siguientes términos:

"Ireneo también menciona estas cosas, de acuerdo con los relatos que ya discutimos, en los cinco libros titulados "Refutación y destrucción de la falsamente llamada ciencia" (o "Contra las Herejías"). En el segundo libro de esta obra muestra que, en algunas iglesias, permanecían hasta entonces manifestaciones del sorprendente poder Divino (Habla aquí de la segunda mitad del s. II d.c.). Usa los siguientes términos: "Pero si afirman que el Señor ha hecho esto de forma aparente (se refiere a las herejías gnósticas), haciéndoles volver a los escritos proféticos, les mostraremos con ellos que de este modo estaba predicho por Él [...] Por ello también sus verdaderos discípulos, tomando la gracia de Él, la ponen en actividad para el bien de los demás hombres, de acuerdo con el don que cada cual recibió de Él. Porque algunos sacan demonios firme y verdaderamente, de modo que a menudo ocurre que los que fueron limpiados del espíritu perverso creen y están en la iglesia; otros tienen conocimiento del porvenir, visiones y palabras proféticas; mientras que otros sanan enfermos por la imposición de manos y los restablecen sanos; pero aún más, de acuerdo con lo que dijimos, incluso muertos han resucitado y han quedado con nosotros durante bastantes años [...] también hemos oído que hay muchos hermanos en la iglesia que tienen don de profecía, que por el Espíritu hablan en todo tipo de lenguas, que descubren los secretos de los hombres cuando es propicio y que declaran los misterios de Dios".

Esto es lo que se sabe acerca de la permanencia de los diversos dones hasta el tiempo aludido entre los que eran dignos". ("Historia Eclesiástica"Eusebio de Cesarea, Libro V, cap. 7, págs. 300-301. Ed. Clíe, 1988, Terrassa, España)

Eusebio hace aquí una afirmación interesantísima cuando dice que los diversos dones permanecieron en la iglesia "hasta el tiempo aludido", que es la segunda mitad del siglo II y principios del siglo III. Por sus palabras podemos asimismo deducir que dichas manifestaciones no se daban en el siglo IV.

Si este escrito que nos muestra que, bien entrado el siglo segundo, y casi comenzando el tercero, aún se manifestaban en la iglesia los dones espirituales o carismas no es suficiente para al menos hacer recapacitar a aquellos que afirman que dichas manifestaciones del Espíritu de Dios acabaron con los apóstoles, más interesante aún si cabe, es la descripción que un pagano hace de un hombre hablando en lenguas y profetizando. Nos referimos a Celso, autor del libro escrito entre finales del s.II d.c. y principios del III d.c., "El Discurso verdadero contra los Cristianos". Allí Celso nos hace esta curiosa y burlesca descripción:

"Esos predicadores de Fenicia y de Palestina son de diversas categorías. Muchos oscuros y sin nombre, sea a propósito de los que fuera, se ponen a gesticular como poseídos del ardor profético; otros adivinos ambulantes, recorren las ciudades y los campos, ofreciendo el mismo espectáculo. Nada les es más fácil de decir, y no dejan de hacerlo: "¡Yo soy Dios, soy Hijo de Dios, soy el Espíritu de Dios, vengo porque el mundo se va a acabar, y vosotros los hombres vais a perecer bajo el peso de vuestras iniquidades!. Entretanto quiero salvaros y me veréis armado de un poder celeste. ¡Bienaventurado entonces quien me haya reverenciado hoy! Enviaré a todos los demás al fuego eterno, a los de las ciudades y a los de los campos. Los que todavía no saben los suplicios que los aguardan, se arrepentirán entonces y han de gemir en vano, en cuanto que los que crean en mí los protegeré por toda la eternidad... A estas predicciones jactanciosas, mezclan palabras de posesos, confusas y absolutamente incomprensibles, a las que ningún sensato podría descubrir su significado, tan oscuras y vacías de sentido son, pero que permiten al primer imbécil impostor llegado apoderarse y apropiarse de las voluntades." (Celso; "El discurso verdadero contra los cristianos" pág. 98 Alianza Editorial; Madrid 1988).

Como vemos, la iglesia primitiva, al menos hasta el siglo II d.c. abundó en las manifestaciones de los dones del Espíritu. Sea pues así o de otra manera, lo cierto es que desaparecieron en esa época (y aventurar el porqué no es más que especulación) y no se vuelve a hablar del tema hasta principios del siglo XX con la aparición entre los protestantes o evangélicos del movimiento Pentecostal y más tarde del movimiento carismático (que hoy se da tanto entre Protestantes como entre los católico-romanos, así como entre otros grupos). A esto se unieron los graves abusos con los dones de lenguas y profecía en los que incurrieron, por vanidad o vanagloria en unos casos, y por simple herejía en otros, aquellos cristianos de los primeros siglos (para saber más ir al apartado Doctrinas Paleocristianas).

En este sentido resulta interesantísimo y muy esclarecedor un comentario que Ireneo de Lyon hace en su obra más conocida y estudiada: "Contra las Herejías", al respecto del endurecimiento de algunas iglesias de su época en contra de los Carismas o Dones espirituales, debido al mal uso o abuso que algunos (como desgraciadamente hoy tan comúnmente sucede) hacían de los dones de profecía y lenguas (Posiblemente los Montanistas, de los que hablaremos a continuación):

"Son realmente unos desgraciados aquellos que, tomando como pretexto la existencia de falsos profetas, se comportan igual que los que a causa de la existencia de falsos hermanos, se abstienen de relacionarse con los verdaderos hermanos. Es normal que fueran este tipo de personas los que no quisieran recibir ni siquiera al mismo Apóstol Pablo. Porque éste, en la carta a los Corintios, ha hablado con precisión de los dones proféticos y reconoce a los hombres y mujeres que profetizan en la iglesia. Por consiguiente, por estas actitudes, pecan contra el Espíritu de Dios y caen en un pecado imperdonable" ("Adversus Haereses", Libro III, 11:9)

Así es: a veces un excesivo celo por mantenerse dentro de la ortodoxia, nos lleva a caer en el pecado de aquellos puntillosos escribas judíos que "colaban el mosquito, pero dejaban pasar el camello". Seamos pues prudentes a la hora de apresurarnos a juzgar como malas ciertas manifestaciones que no entendemos o que no compartimos, y tampoco caigamos en el mal uso o abuso de dichas manifestaciones (pues algunos juegan con fuego), lo cual es una grave falta de temor de Dios, y un gran tropiezo para las Iglesias y hermanos en la fe. Ambos extremos son reprobados por la Palabra de Dios, y ambos extremos fueron combatidos por aquellos héroes y paladines de la fe como es el caso de Ireneo de Lyon a lo largo de la obra citada.

¡Cuanto cuidado deberían poner por sus excesos ciertas iglesias Pentecostales y Carismáticas en hacer caso a las advertencias y ejemplos de la historia!, y lo mismo decir de ciertas iglesias "Ultraortodoxas" que directamente tachan de manifestación demoniaca o histérica algunas actuaciones que bien podrían estar dirigidas por el Espíritu de Aquel que "Es el Mismo Ayer, Hoy y por los Siglos...", pues nosotros somos ignorantes, y solamente Dios es Sabio.

2- LA HEREJÍA CATAFRIGIA: EL MONTANISMO O "LA NUEVA PROFECÍA"

Cristianos orandoA la hora de hablar del Montanismo, así como de muchos otros movimientos heterodoxos dentro del cristianismo, hemos de tener sumo cuidado, ya que las informaciones de que ellos disponemos son las que nos han llegado por medio de aquellos que les combatieron, por lo que hemos de considerarlas en muchos casos sesgadas e incluso distorsionadas. En el caso del Montanismo es necesario decir que los que les combatieron o más bien pusieron en guardia a los hermanos contra sus excesos y desviaciones fueron los mismos primitivos cristianos que se dejaban comer por los leones por causa de su fe.

Sea como fuere, en el año 156 d.c. en la provincia de Frigia, en Asia Menor, un ex-sacerdote pagano recientemente convertido al cristianismo llamado Montano, comienza a profetizar y a anunciar el comienzo de una nueva era en la iglesia, a la que llama "Era del Espíritu", pronto se le unen dos mujeres llamadas Priscila y Maximilla (que previamente dejan a sus maridos para unirse a Montano) y otros muchos dentro de la iglesia.

Si bien el hecho de profetizar y dar lugar a los dones del Espíritu no era anormal dentro de la Iglesia de aquel entonces, la pretensión de ser los adalides de un nuevo "mover" del Espíritu (que ellos llaman pomposamente "Nueva Profecía"), pronto despertó los recelos de las demás iglesias. No podemos negar, por lo que parece decirnos la historia, que hubo desvíos -y muchos- dentro del Montanismo, exageraciones y un desmedido interés por lo "espiritual", por otro lado propio de las iglesias de Asia Menor y en especial de la zona de Frigia tan influenciada por las ideas gnósticas. A este movimiento se le llamó también "Herejía Catafrigia" y muy pronto se extendió entre todas las iglesias, influenciando mucho al cristianismo de la época. No podemos decir que Montano fuese el fundador de algo nuevo, o de una nueva herejía, de hecho desde el punto de vista de la ortodoxia y de la doctrina, fue muy difícil condenarlos en los diversos sínodos que se convocaron para tratar este tema, ya que eran ortodoxos en cuanto a la doctrina se refiere.

El Montanismo ponía el acento en el "hablar en lenguas" y más especialmente en el "don de profecía", práctica que no era nada anormal en las iglesias de la época; el problema del montanismo está en su rechazo a toda autoridad eclesiástica y al hecho de poner sus profecías (las de Montano y sus dos lugartenientes femeninos) al mismo nivel, cuando no por encima, de la Escritura. Profecías por otro lado que hacían hincapié en la inminente segunda venida del Señor y el fin del mundo (cosa que por otro lado el resto de iglesias, hasta bien poco antes, debido a las persecuciones de finales del s.I y principios del s.II también tenían como inmediato). Así por ejemplo Maximilla predijo el fin del mundo para el tiempo inmediatamente posterior a su muerte, y sabemos también que predijeron que la "Nueva Jerusalén" se establecería en las ciudades de Pepuza ó Tymion (en Frigia) a las que llamaron con el nombre de la Ciudad Santa (como tantos herejes después a lo largo de los siglos hicieron con sus ciudades). Podemos pues decir, que salvados estos "deslices", el movimiento se mantiene dentro de la ortodoxia doctrinal, y es más un movimiento reaccionario y de restauración del fervor del primer siglo tal y como ellos lo entendían.

Debido a esto para el resto de iglesias fue muy difícil condenar el montanismo: los medios tradicionales para detectar a los falsos profetas (p.ej. la Didaké) no eran suficientes o aplicables a este movimiento. Tampoco encontró la iglesia en las Escrituras, fuesen del Antiguo o Nuevo Testamento, nada con que condenarlos. El motivo del recelo y la condena fue la pretensión de Montano de que el Parakletos (Espíritu Santo) hablaba por medio de él de manera especial, y que por ello ponían sus oráculos en el mismo o superior nivel a las Escrituras, a esto se unía, como hemos dicho, un desprecio por las reglas eclesiásticas, la profesión de la fe, etc. lo que hizo que el movimiento montanista o de la "nueva profecía" fuese excomulgado en los concilios de Asia Menor.

A pesar de esto la "nueva profecía" se expandió rápidamente hacia occidente, y parece ser que en Roma fue reconocido y tolerado por bastante tiempo, e incluso que hacia los años 177-178 se pensó en reconocerlo, lo que fue impedido por Praxeas (que propagó la llamada herejía "monarquista" que no viene a cuento aquí comentar).

En las Galias hubo montanistas que causaron gran impresión por su talento de profetas, así los Mártires de Lyon escribieron al parecer en favor de ciertas prácticas similares a las de este movimiento (evidentemente contra la opinión de otros sectores de su comunidad), se trata de las cartas a las iglesias de Asia y Frigia, así como al obispo de Roma Eleuterio, tratando de actuar en favor de la reconciliación.

Cuando a la muerte de Maximilla en el año 179 el fin del mundo que ella había profetizado no se produjo, el movimiento no se debilitó, lo que si pasó fue que el fervor de espera frenética del acontecimiento se debilitó. Entendamos que el movimiento montanista o de la "nueva profecía" pese a surgir con estos tres personajes arriba mencionados es más un movimiento reaccionario y ultraconservador que probablemente se hubiese producido sin sus tres fundadores.

El Montanismo surge como una reacción natural de vuelta a los orígenes, caracterizándose por un excesivo rigor, en algunos casos rozando lo extremo: así se dio gran importancia al ayuno, el segundo matrimonio se consideraba fornicación, no se aceptaba de vuelta a la iglesia de los excomulgados o los que habían apostatado ante el martirio salvo que pasasen el resto de sus vidas bajo penitencia (prueba), se anhelaba el martirio y no se debía huir de este (cosa que contradice las enseñanzas de Jesús y de la iglesia del primer siglo), todo adorno era pecado y toda arte o ciencia eran condenados.

El principal error del montanismo, fue poner las profecías a la misma altura que las Escrituras, lo que de haber triunfado, hubiera hecho de este movimiento un grupo de fanáticos exaltados. Pese a todo, su influencia fue grande en la iglesia, donde reacciones similares se produjeron en otros sitios. La figura más grande del Montanismo fue Tertuliano, considerado hoy en día como un Padre de la Iglesia incluso por Roma y defensor de la ortodoxia contra las herejías (de hecho es el autor de la fórmula Trinitaria), pero que en los últimos años de su vida se pasó a las filas del Montanismo, movimiento que a partir del año 200 aproximadamente se desembarazó de sus primeros excesos y se supo ganar el respeto de las demás iglesias de la época. Así Ireneo de Lyon se resistió a condenarlo, ya que veía que eso forzaría a rechazar los dones del Espíritu cuando estos fueran genuinos. Epifanio, el apologista contra las herejías del s. IV d.c. tampoco pudo hallar nada especialmente serio para condenarlo, salvedad hecha de los mencionados excesos propios de todo movimiento rigorista a lo largo de la historia del cristianismo.

Los concilios que se reunieron para debatir la cuestión Montanista fueron varios, especialmente en el 170 d.c. donde se les excomulgó, si bien sus errores no fueron tenidos por tales en toda la cristiandad, ya que con el tiempo y la entrada de figuras como Tertuliano, se moderó mucho en sus exageraciones y llegó a ser respetado por muchos cristianos notables.

El Montanismo se fue confundiendo con otros movimientos que abogaban contra la relajación de las costumbres en la iglesia como los Novacianos del s. III y los Donatistas del IV y siguientes, y podemos decir que estos movimientos que comenzaron siendo tenidos como herejías o exageraciones por parte de los otros cristianos, serían en siglos posteriores la verdadera luz del evangelio cuando la iglesia "oficial" se había apartado ya de las verdades Bíblicas.

El Montanismo perduraría como tal, libre de sus exageraciones del principio, hasta el s. VI en el norte de Africa (donde se les menciona en las leyes de la ya corrupta iglesia romana, aliada del poder civil, contra los herejes), entremezclado con el Donatismo, desapareciendo en el s.VIII con las invasiones musulmanas. En Frigia, donde este movimiento arraigó con más fuerza, fueron  exterminados a espada en el s.VI por el emperador Justiniano, defensor de la incipiente institución temporal que se llamaría más tarde iglesia Católica Apostólica Romana.

3- EXCESOS DEL MONTANISMO Y SIMILITUDES CON EL MOVIMIENTO CARISMÁTICO MODERNO.

Si bien como hemos dicho, el movimiento Montanista poco a poco con el paso del tiempo, se supo ganar el respeto de sus correligionarios, los comentarios que nos han dejado de este movimiento las grandes figuras cristianas de la antiguedad, nos hacen pensar (muchas veces con una sonrisa en la boca al constatar que "no hay nada nuevo bajo el sol") en los excesos y desviaciones muchas veces claramente heréticas del actual movimiento Carismático. Veamos algunos textos:

En este texto de Ireneo de Lión se nos cuenta como, al igual que entre los carismáticos y Pentecostales, se fuerza al neófito a profetizar o a hablar en lenguas o profetizar "a toda costa" (en "Doctrinas Paleocristianas" hablamos más de este tema) llevándole a una especia de frenesí místico y emocional:

"...él entonces pronuncia nuevas invocaciones para llenar de admiración a la pobre engañada, diciéndole: «Abre tu boca y habla cualquier cosa, y profetizarás». Ella entonces, envanecida por lo que se le ha dicho, siente calentarse su alma con el sueño de que está por profetizar; su corazón se pone a palpitar fuertemente, se atreve a hablar cosas delirantes y cualquier cosa que le viene, sin sentido pero con osadía, pues siente arder en ella el espíritu..." (Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro I, 13:3)

Aquí Ireneo nos cuenta como estos Montanistas, al igual que en ciertas reuniones de modernos carismáticos, juegan en sus reuniones a profetizarse unos a otros con las ideas más calenturientas para satisfacer sus egos desmedidos:

"...como esa gente suele hacerlo en sus fiestas, jugando a los videntes y mandándose unos a otros profetizar y anunciando unos a otros profecías que satisfagan sus caprichos" (Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro I, 13:4)

Más adelante Ireneo nos menciona como los verdaderos creyentes no usan el tema de los dones ni los milagros como fuente de ganancia, como tan desgraciadamente hacen hoy en día, para escándalo del mundo, algunos grandes predicadores carismáticos:

"Por eso sus discípulos verdaderos en su nombre hacen tantas obras en favor de los seres humanos, según la gracia que de él han recibido (...) Y no lo hacen para seducir a nadie ni para ganar dinero, pues, así como ella (la iglesia) lo ha recibido gratis de Dios, así también gratis lo distribuye" (Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro II, 32:4-5)

Ireneo también advierte del gravísimo peligro en el que se hayan los que profetizan o dicen hablar de parte de Dios cuando sus profecías resultan ser falsas o incumplidas:

"También juzgará (Dios) a los pseudoprofetas, los cuales, no temiendo a Dios ni aceptando de Dios el don de la profecía, fingen profetizar, mintiendo contra Dios, o por vanagloria, o por interés de ganancias, o por influjo del mal espíritu" (Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro IV, 33:6)

Eusebio el historiador cristiano del siglo IV nos dice, en boca de un apologista del siglo II contra este movimiento, cual debe ser la actitud del cristiano verdadero frente a esta "Nueva Profecía" que él llama "Falsa Profecía" (y que tanto recuerda a las novedosas innovaciones carismáticas que se van sucediendo cada cierto tiempo): Mantenerse firme en la Doctrina del Nuevo Testamento:

"La Doctrina del Nuevo Testamento, a la cual ninguno que ha escogido comportarse según este Evangelio, puede añadir ni sacar nada" (Historia Eclesiástica Libro V, Cap. 16:3).

Es de notar también que en el siglo II, cuando como hemos visto por Ireneo aún se daba el "Don de Lenguas" genuíno entre las iglesias, estos innovadores Montanistas oponen a aquellas unas lenguas "raras" y manifestaciones corporales extrañas, según nos comentan los cristianos de la época:

"Por el excesivo anhelo de su alma por ser el primero, permitió al enemigo entrar en su vida y quedó sujeto por el espíritu (malo). De pronto quedó como arrabatado y entró en éxtasis como un poseído; empezó a hablar y a pronunciar "raras palabras", profetizando desde entonces" (Escritor del siglo II en cita de Eusebio en su H.E. Libro V, cap. 16: 7).

Otra de las manifestaciones que pusieron en guardia a la iglesia primitiva contra estos "carismáticos" del siglo II fueron además de estas "lenguas raras" el desorden de sus reuniones y el no cumplimiento de los requisitos para hablar en lenguas que hay en 1ª Corintios 12 y 14 (y que tan poco se respeta en las actuales iglesias carismáticas):

"...hasta incluso levantó a otras mujeres más y las llenó del espíritu corrupto, de modo que también hablaban en delirio, fuera de tiempo, y de manera extraña" (Escritor del siglo II en cita de Eusebio en su H.E. Libro V, cap. 16: 9).

El recelo contra esta "Nueva Profecía" (¡como me recuerda  esta expresión a las "Nuevas Unciones" o "modas" espirituales de los actuales carismáticos!) llevó a los primitivos cristianos a apartarles de la comunión de la iglesia, y a practicar con ellos en algunos casos, la "separación Bíblica":

"Cada vez que los miembros de la iglesia, siendo llamados al martirio por la verdadera fe, se encuentran con alguno de los mártires de la herejía catafrigia, se separan de ellos y mueren sin haber tenido comunión con ellos, porque no desean estar de acuerdo con el espíritu que actúa por medio de Montano y de las dos mujeres" (Escritor del siglo II en cita de Eusebio en su H.E. Libro V, cap. 16: 22).

El escritor del siglo II Milciades, que escribió un tratado contra esta herejía, explica que no es necesarios que un profeta para profetizar deba "entrar en éxtasis" o en hacer cosas raras. (H.E. de Eusebio, Libro V, Cap. 17:1).

Otro escritor llamado Apolonio, del siglo II, menciona algunos errores de Montano como son:

"...enseñó la disolución de matrimonios, instituyó la ley de los ayunos, llamó con el nombre de Jerusalén a Pepuza y a Timio (dos poblados Frigios) (...) estableció recaudadores de dinero (...) estas primeras profetisas dejaron a sus maridos desde el mismo instante en que fueron llenas de aquel espíritu" (Apolonio, en boca de Eusebio, Op. citada Libro V, Cap. 18:2-3)

¡Cuantas mujeres carismáticas conozco que envanecidas han dejado a sus maridos por no haberse querido sujetar a a ellos como dice la Escritura!.

Dice Apolonio más adelante (siempre en pluma de Eusebio), refiriéndose a como estos engañadores carismáticos obtenían beneficio económico de sus oyentes:

"¿No crees que toda la escritura prohíbe que un profeta tome dones y dinero? Así, cuando veo a la profetisa que ha recibido oro, plata y ropas costosas, ¿cómo no he de recharzarla?"

Y

"...demostramos que los que entre ellos se llaman profetas y mártires toman su dinero, no solo de los ricos, sino incluso de los pobres, de los huérfanos, y de las viudas"

Efectivamente: no hay nada nuevo bajo el sol. ¡Cuántos desmanes económicos se han dado y se dan hoy en día entre los telepredicadores de las novedosas unciones de la "super fe", "movimiento de las prosperidad" y similares "nuevas unciones" carismáticas!

Más adelante habla del lujoso modelo de vida de estos carismáticos del siglo II que otra vez nos recuerda a los Telepredicadores del moderno movimiento carismático que viven con todo tipo de lujos en impresionantes mansiones, conduciendo coches costosísimos y viajando en aviones privados que desde luego no han ganado honradamente con el sudor de sus frentes, mientras visten a la última moda:

"¿Un profeta se tiñe el pelo? ¿Un profeta se pinta las pestañas? ¿Un profeta se agrada en adornos?"

Basten estos pequeños fragmentos de la antiguedad paleocristiana para hacer reflexionar a algún despistado, sobre lo que significa la verdadera piedad.
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