Clemente de Roma

Judío, obispo de Roma entre el 92 al 101 d.c. y discípulo del apóstol Pablo. (La iglesia Católico-Romana le considera el tercer "Papa" al frente de la sede de Roma en su lista de supuesta sucesión apostólica).

En el año 96 d.c. (todavía estamos en el s. I y aún vive el apóstol Juan) en la iglesia de Corinto se ha producido una escisión: una serie de miembros descontentos han depuesto a los obispos y presbíteros de la iglesia, algunos de ellos, según nos cuenta el mismo Clemente, designados directamente por los apóstoles (Clemente a los Corintios 44:1-3). Ante tan grave escándalo, y sin que se le hubiese pedido su intervención, Clemente, obispo de Roma decide enviar una carta.

Este Clemente judío, es al cual, según Orígenes y Eusebio de Cesarea (Hist. Ecl. VI, 3.15), se refiere el Apóstol Pablo en su carta a los Filipenses, capítulo 4, versículos 2 al 3:

"Ruego a Evodia, y también a Síntique, que se pongan de acuerdo como hermanas en el Señor. Y a ti, mi fiel compañero de trabajo, te pido que ayudes a estas hermanas, pues ellas lucharon a mi lado en el anuncio del evangelio, junto con Clemente y los otros que trabajaron conmigo. Sus nombres ya están escritos en el libro de la vida.".

Clemente en esta carta, escrita unos 10 años antes de las de Ignacio tras las persecuciones de Domiciano, por lo que la podemos datar sin error hacia los años 96-98 d.C., con la mansedumbre propia de un padre, pero la firmeza que su ministerio confirmado por los mismos apóstoles le da a la vez, exhorta a los Corintios a cesar en su obstinada actitud divisora. En efecto, no han pasado 40 años desde que el mismo Pablo el Apóstol les escribiese en su primera epístola a los Corintios, exhortándoles a no causar ni fomentar divisiones, pero parece que dicha exhortación ha sido olvidada cuando Clemente les escribe.

Leyendo la carta de Clemente a los Corintios, nos parece estar delante de una de las famosas epístolas perdidas del apóstol Pablo, el estilo, la exhortación, la doctrina, las expresiones, en todo nos recuerdan a su maestro, el apóstol de los gentiles. De hecho Clemente en algún momento llega a citar un texto, que él considera inspirado y de la escritura, pero del cual se ignora su procedencia (22:3). ¿No estaremos ante una cita de algún escrito perdido del apóstol Pablo?. Es hermoso como de modo sencillo, sin dejar de citar en todo momento las Escrituras, les expone a los Corintios un compendio de ejemplos y exhortaciones para que se vuelvan de su locura divisora.

La carta de Clemente es además un compendios extraordinario para conocer la liturgia de los cristianos de Roma del siglo I

El catolicismo romano no ha dejado pasar la ocasión para presentar esta carta como una prueba de que ya desde la antigüedad cristiana más remota, el obispo de Roma contaba con primacía jerárquica sobre las demás iglesias. Consideramos absolutamente forzadas estas conclusiones, para el lector independiente del texto clementino.

Los teólogos protestantes podrán encontrar a su vez en esta preciosa epístola, aún de tiempos apostólicos, una confirmación de la doctrina de la justificación por la sola fe en la gracia salvadora de Dios:

"De igual modo nosotros, por Su voluntad llamados en Cristo Jesús, nos santificamos no por nuestros méritos, sabiduría, inteligencia, piedad o cualquier otra obra que hacemos en santidad de corazón, sino por la fe, por la cual Dios Todopoderoso ha santificado a todos desde el principio" (Clemente a los Corintios 32:4)

Tan respetada fue esta carta que muchas iglesias paleocristianas la consideraron durante mucho tiempo como parte de sus escritos inspirados. Por ejemplo en una fecha tardía se incluyó tras la Biblia en el códice Alejandrino del siglo V que ahora se guarda en el Museo Británico.

Si la quiere leer (Muy recomendable), haga clic aquí: Primera Carta de Clemente a los Corintios.
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